domingo, 25 de octubre de 2015

LAS MANOS PARLANTES DE EL GRECO

 
 
 
ATISBOS DE PROFUNDOS SENTIDOS MÍSTICOS
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
"El Caballero de la Mano en el pecho" es un icono del arte hispánico, tratándose de una de las más famosas obras de El Greco, fechada alrededor de 1578-1580. La mano que da título al óleo, con la misma posición de los dedos, se repite en otras pinturas de El Greco: en el Cristo del Expolio (1577-1579), por ejemplo, o en el "Cristo abrazado a la cruz" (1580), si bien en el "Cristo abrazado a la cruz" la mano se posa sobre el madero de la Cruz. También en las Magdalenas Penitentes la encontramos y pudiéramos hallarlas tal vez en otros cuadros del maestro grecohispano.

 
¿Qué significa la mano en el pecho? Y, en concreto, la mano en el pecho precisamente con los dedos en la posición en que los vemos en los cuadros de El Greco. 
 
La mano contiene de suyo un simbolismo profundo y, tratándose de un pintor como El Greco, descartemos que sea algo caprichoso. El Greco, consumado maestro que pudiéramos incluso calificar de místico, reproduce la mano con los dedos en esta posición en muchos cuadros: ¿qué mensaje intenta transmitirnos?
 
La mano representa la acción, la labor, la donación, la protección, la autoridad. Si, como es el caso, se trata de la mano derecha estamos ante la mano de la consciencia y la virilidad. Puesta sobre el pecho simboliza la actitud del sabio. Pero luego vemos que los dedos corazón y anular se juntan, separándose del índice y el meñique. El dedo corazón ha representado simbólicamente el Amor y la Constancia, mientras que el anular ha sido el dedo de la Alianza (el anillo de compromiso que, al igual que el de casados, va en el anular; bien sea en el anular de la mano izquierda o en el de la diestra), el dedo anular también señala simbólicamente la superación de un estado que nos coloca en otro más elevado espiritualmente.
 
En su libro "Empresas Morales" del año 1581, Juan de Borja (1533-1606) presenta en la Empresa XXIII las figuras de una mano cerrada y otra abierta, bajo el lema "Semper eadem". La mano abierta del emblema trae los dedos en la misma posición en que los plasmaba El Greco en sus cuadros. Juan de Borja nos glosa su Empresa:
 
"Lo que más ayuda a pasar los trabajos y adversidades desta vida, es el valor y la grandeza de ánimo, porque con éste todas las cosas se tienen y estiman en poco; y así, se siente menos el perderse, porque al hombre esforzado y magnánimo, ni las prosperidades le elevan, ni los trabajos y adversidades le desmayan ni vencen; lo que se da a entender en esta Empresa de dos Manos, la una abierta y la otra cerrada, con la letra que dice SEMPER EADEM, que quiere decir: SIEMPRE ES LA MISMA. La mano abierta significa la prosperidad, la cerrada la adversidad, y así como abierta y cerrada la mano es siempre la misma, semejantemente el hombre esforzado y valeroso debe ser constante y fuerte en usar de las prosperidades, y en pasar los trabajos y adversidades con igualdad de ánimo".
 
En la glosa de la mano abierta que hace Juan de Borja nos encontramos con una interpretación moral, de cuño estoico-cristiano, sin embargo en El Greco podemos presumir que los sentidos son más profundos y de orden místico.
 
El Caballero de la Mano sobre el Pecho nos sigue interrogando desde su mutismo con un gesto, con un gesto que nos habla: siguiendo los pasos de Cristo, con su Cruz y en su Mayor Despojo, ese caballero que siempre nos ha fascinado a los españoles, ese antepasado nuestro, fue capaz de mantener el Amor con la constancia y fue fiel a sus alianzas.
 
 
 
 
 


miércoles, 21 de octubre de 2015

IDEA DE LA QUINTA MONARQUÍA DEDUCIDA DE LOS LIBROS SANTOS (Y PROFANOS)

Alessandro di Cagliostro, farsante y fundador del Rito Egipcio de la Francmasonería 

 
 
Manuel Fernández Espinosa

DE LA PRIMERA COMPOSICIÓN Y PÉRDIDA DE ESTE LIBRO


A finales del siglo XVIII floreció en la Provincia franciscana de Granada un fraile menor cuyo nombre fue P. Fray Salvador Laín Rojas. Nacido en 1741 en Bujalance (Córdoba), llevó una vida de estudio no exenta de pruebas vitales que lo fraguaron en las tribulaciones. La época que le tocó vivir fue como todas, difícil para la verdad. En 1808, como todo el mundo sabe, los ejércitos napoleónicos ocuparon España y este fraile andaluz -como tantos otros- arriesgó su vida por su Religión y por su Patria y por su Rey. Fray Salvador moriría en su ciudad natal en el año de 1824, a la edad de 63 años.

Su más temprana formación religiosa tuvo lugar en su pueblo, siguiendo felizmente su noviciado en Córdoba en el curso del año 1779. Pasó por varios conventos de la Provincia, aplicándose a los estudios de Artes, Filosofía y Teología, con que se especializó en predicación e Historia de su Orden, a la par que adquiría notables conocimientos en cultura romana, hebrea y árabe que le valieron reputación en la disciplina epigráfica que en aquellos días iba adoptando métodos científicos.

En 1790 el P. Laín Rojas ganó la cátedra de Filosofía del convento de Úbeda (Jaén), y en 1797 obtuvo el puesto de predicador principal del convento de Martos (Jaén), ocupando posteriormente, en el mismo convento, la plaza de profesor de Filosofía cuando se trasladó al mismo el estudio de Artes y Filosofía.

En plena invasión napoleónica, el P. Fray Salvador Laín Rojas no dudó ni por un momento en posicionarse contra los invasores. Años antes, nos confiesa él mismo, había estudiado con detenimiento y profundidad las raíces de la Revolución francesa de 1789 concibiendo un sistema que explicara el fenómeno revolucionario contemporáneo. El fruto de sus concienzudos estudios se plasmó en una obra que no ha llegado a nosotros, pero cuyo mismo título nos revela su tema al haberla titulado: "IDEA DE LA QUINTA MONARQUÍA DEDUCIDA DE LOS LIBROS SANTOS".

Hemos tomado como cabecera para nuestro trabajo el título original de sus investigaciones, añadiéndole al prolijo título que él le puso, la coletilla de nuestra propia cosecha que alude a los libros profanos de que también nos hemos servido en el presente estudio. La biografía y obra del P. Laín Rojas ha sido estudiada por uno de sus más eminentes correligionarios del siglo XX, el arqueólogo y epigrafista pucelano P. Fray Alejandro Recio Veganzones, O.F.M. (q.e.p.d.), nuestro maestro y amigo.

De las partes de que se componía el dicho manuscrito titulado "Idea de la Quinta Monarquía..." nos da cuenta el mismo fraile autor, así como de las vicisitudes por las que pasó el manuscrito. Será en su posterior obra "Historia de la Provincia de Granada de los Frailes Menores de Nuestro Padre San Francisco", del año 1819, inédito a fecha de hoy (cuando escribo el presente texto es el año 2002) donde el P. Salvador Laín Rojas nos cuente lo que ocurrió con aquella obra -"Idea de la Quinta Monarquía"- que nadie puede, por desgracia, consultar en ninguna biblioteca del mundo. Son estas noticias que sobre la "Idea de la Quinta Monarquía..." nos proporciona Laín Rojas en su "Historia" la base de la presente exposición.

En el curso de unas indagaciones históricas que llevábamos a cabo, fuimos distinguidos con el hallazgo de parte del manuscrito de la "Historia..." al que más arriba hemos aludido. El P. Salvador Laín Rojas nos relata los difíciles años de la dominación napoleónica que él sufrió en calidad de patriota español y sacerdote católico.

Aquel episodio histórico fue una de las postreras ocasiones en que las fuerzas tradicionalistas españolas combatieron al unísono a las fuerzas de la subversión revolucionaria, encarnadas en los poderosos ejércitos napoleónicos, apoyados por los españoles afrancesados y colaboracionistas del invasor. Aquella página de la Historia de España constituyó una de las últimas epopeyas del heroísmo hispánico. Comentando los prolegómenos de aquella invasión que tantas jornadas heroicas deparó para el pueblo español (Bailén, Zaragoza...), nos cuenta el P. Laín Rojas (respetamos la grafía de la época en los pasajes que reproduciremos):

"Como en consequencia al sistema, que yo había formado, me era indispensable decir y obrar muchas cosas, que chocarían a muchos en la época de la cautividad francesa, que ya veía venir sobre la desgraciada Andalucía, me resolví a escribir un libro, en el qual pondría los fundamentos de mis operaciones por un modo indirecto, como lo hize trabajando una obra con este título: Idea de la Quinta Monarchia deducida de los Libros Santos. En esta obra se trataba del antiquísimo origen de los Francmasones, de sus designios que son conspirar contra el Trono, y el Altar hasta apoderarse del uno, y destruir el otro, de las tentativas que sobre lo uno y lo otro han hecho en diversas épocas, y del modo con que han sido descubiertos, y castigados, aunque no apurados, del tiempo en que han de lograr apoderarse del Imperior casi universal, y trastornar la Religión, y su culto público: de los años que su imperio durará: del fin que ha de tener: quándo y cómo será: y del modo cómo deben comportarse los christianos católicos en tan críticas circunstancias. Esta obra me la pidió para imprimirla Don Francisco José de Molle, Editor del Procurador General, y ni la imprimió, ni menos me la ha querido restituir. Las ocurrencias desde el tiempo en que la obra se escribió hasta nuestros días han sido las mismas, que yo había prevenido, y esto hace probable que lo mismo sucedrá con las que aun no se han cumplido." (Historia de la Provincia...)

Ignoramos si el P. Laín Rojas conocía los cuatro tomos de las "Memorias para servir a la historia del jacobinismo" que en 1797-1798 publicó el erudito jesuita francés, abate Agustín Barruel. No creemos que el P. Laín Rojas dominase el idioma inglés, aunque posteriormente un correligionario de nuestro Laín Rojas, el franciscano español fray Raimundo Strauch y Vidal, obispo de Vich, traduciría la obra de Barruel al castellano, publicándose los dos primeros tomos en 1812-1813.
 
Este Obispo de Vich sería asesinado en Vallirana (Barcelona) el 16 de abril de 1823.

Aunque el P. Laín Rojas conociera la obra del abate Barruel, por semejantes que puedan resultar los planteamientos del jesuita francés y del franciscano cordobés, creemos que se trata de dos obras muy distintas, en tanto que, como veremos más abajo, los métodos usados por ambos historiadores son distintos.

El abate Barruel emplea un material de primera mano, basado en su testimonio vital como testigo de excepción en los nefastos acontecimientos de la Revolución Francesa, mientra que el P. Laín Rojas aplica un método más de laboratorio bíblico y filológico. En ello estriba, según nuestra apreciación, la diferencia entre ambos, aunque ambas investigaciones con su propio método vengan a coincidir en resultados semejantes. En ese sentido, la particularidad del P. Laín Rojas reside en su prognosis, casi profética: descubrió a priori la amenaza que se cernía sobre España y sobre la religión católica (y, por ende, la que se avecinaba sobre todo el mundo), para lo cual no le hizo falta presenciar las barbaridades revolucionarias efectuadas en la vecina Francia por la secta jacobina, aunque fue testigo de la barbarie napoleónica en España.

No obstante, muy ambiciosos se nos aparecen los objetivos que el fraile de Bujalance indica que se marcó para la composición de esta obra, lamentablemente perdida. Por razones que podemos imaginar, pero que se nos escapan, el editor del Procurador General, D. Francisco José de Molle, se hizo con el manuscrito original de la "Idea de la Quinta Monarquía...", pero este señor no llegó a imprimir el manuscrito y tampoco lo devolvió a su autor, cuando éste se lo reclamó -según nos cuenta el P. Laín Rojas.
 
DE LAS RAZONES Y FUENTES DE LA INQUISICIÓN SOBRE LA FRANCMASONERÍA DEL P. LAÍN ROJAS

Los motivos que impulsaron al P. Laín componer este libro desaparecido de la "Idea de la Quinta Monarquía.." que venimos comentando aquí, hay que encontrarlos -a tenor de lo que él mismo confiesa- en "la lección interrumpida de las Gacetas de más de veinte años, con una particular lección, y observancia de la Historia de mi edad, y con la lección tristísima de mi propia conciencia, que me acusaba de muchos, y gravísimos delitos. Por templar del mejor modo posible la amargura de mi corazón, que se temía verse consumido por la ira de un Dios Justo, que tarde o temprano da a los pecadores indóciles el castigo que merecen, me había dedicado diez años antes de esta época a la lectura de las Divinas Escrituras. En esta lección la mejor de todas encontraba el consuelo, y se dilataba algún tanto mi aflixido corazón. Yo no leía los Libros Santos por adquirir una erudición fastuosa, sino por aprender el arte de poderme salvar, contando siempre con la Misericordia de mi Dios."

No fue el vano prurito de acopiar más y más datos bíblicos lo que espoleaba los estudios veterotestamentarios y neotestamentarios del P. Laín Rojas, sino la búsqueda de la voluntad de Dios expresada en las Sagradas Escrituras, el conocimiento más alto y único capaz de salvarnos. Además de los Libros Sagrados, hemos de figurarnos que el P. Laín Rojas avizoraba los sucesos que sacudían Europa en aquellos años de la Revolución francesa, atendiendo muy particularmente a la "observancia de la Historia de mi edad", valiéndose para ello de las noticias que en aquella época llegaban de la vecina Francia a España por el primitivo periodismo de la época, que se plasmaba en las Gacetas.

El caso fue que el P. Laín Rojas se previno providencialmente y encaró la tarea de profundizar en el estudio de los orígenes de la Francmasonería. Para tal efecto se dotó de una profusa bibliografía bíblica que él mismo nos cita, marcándose una disciplina metódica para desempeñar su trabajo intelectual. El mismo fraile nos apunta los libros de que se sirvió:

"Para no errar en el estudio que hacía por sí solo sin Maestro vivo, y evitar el escollo littera occidi manejaba la Biblia de Don Hamet, y más moderna de Tirino, las Obras del gran Padre San Gerónimo, de Wouters, la Historia Eclesiástica del Viejo Testamento de Natal Alexandro, las Disertaciones Bíblicas de Calmet, y su Diccionario Geográfico de la Tierra Santa, la obra del P. Pineda De rebus Salomonis, las Exposiciones de los Psalmos del Cardenal Belarmino, y de Genebrardo, las de los Profetas del P. Ribera, y la del Apocalipsis de Silveira, y otras. Este estudio hecho a mi parecer con devoción, producía en mí la detestación de mis pecados, la confesión sacramental de ellos, y una petición humilde al Dios de Misericordia suplicando al Señor nos perdonase por su inefable piedad, y por los merecimientos de nuestro Señor Jesuchristo, Dios y Hombre verdadero; y pidiendo especialmente a su Magestad me conservase, y aumentase la fee, que recibí en el Bautismo, y no permitiese que yo la abandonase en el tiempo de la tentación, que ya veía me estaba amenazando."

Nos puede llamar la atención la recurrente autoinculpación del fraile franciscano, que nos hace pensar si no es el caso de que, tal vez –inocentemente- el P. Laín Rojas hubiera fliltreado en su años mozos con la Ilustración de cuño masónico, algo muy común en muchos religiosos que, desoyendo las congruas condenas pontificias, curioseaban y confraternizaban con los francmasones en las logias dieciochescas. No sabemos a día de hoy si el fraile tuvo membresía que más tarde quebrantara por razones doctrinales, pero hacemos constar nuestra sospecha a raíz de sus reiteradas autoinculpaciones.
AL MEOLLO DE LA QUINTA MONARQUÍA
La investigación del P. Laín encontró pronto su epicentro en la profecía del sueño de Daniel, de la que precisamente toma título la obra nonnata que comentamos.

"Estudiando con estas disposiciones, me pareció que la desgraciada época en que vivimos corresponde al imperio significado en aquella porción de estatua, que vió en sueños Nabucodonosor, Rey de Babilonia, representada por el barro, de que se componía la parte más baxa de sus pies: Pedum quedam pars erat ferrea, quaedum auten fictilis (Daniel capit. 2 versic. 33); y que aquella representación significaba propriamente el imperio de los Fracmasones, que ha elevado su cabeza en nuestros días. Me parecía igualmente que el imperio de los Fracmasones estaba significado en aquella palabra "Banaias", que se lee en el capítulo undécimo de la Profecía de Ezequiel: porque con efecto "Banaias" en Lengua Hebrea significa Masón."

Los resultados de su investigación para la "Idea de la Quinta Monarquía" nos ofrecen dos datos muy sobresalientes. El P. Laín Rojas detecta que los propósitos de la Francmasonería de su época coinciden con "la empresa de los Fracmasones de la secta reformada por Caliostro, nombrada por eso Egipciana". El P. Laín alude al rito de Memphis-Misraim, masonería de la que Guénon se ocupó, reprochándole su desviación.

El P. Laín también cree encontrar en la profecía de Ezequiel la delineación de las logias francmasónicas. También es interesante la conexión que establece el P. Laín, bien temprano para su época, entre Masonería y Judaísmo. "La frecuencia con que yo revolvía los Libros arriba dichos leyéndolos por entero, y con buen méthodo, me había dado a conocer el significado de muchas palabras hebreas, que en ellos están interpretadas. De aquí era que no dudaba que los nombres de Neker, Marat, Chabot, Sabari, Murat, Junoth, Jourdan, Boni, y otros muchos delos principales agentes de la Revolución Francesa eran Hebreos, y tienen su significación en lengua hebrea, quando en las demás lenguas son insignificantes. De esta consideración con los Autores de la Quinta Monarchía, y a investigar si de esto hai alguna insinuación en las Divinas Escrituras. Me pareció que la hai con efecto en el capítulo XI de Daniel, verso XIV, en aquellas palabras: Y también los hijos de los prevaricadores de tu pueblo se insurreccionarán para cumplir la visión, y caerán."

El P. Laín Rojas alude a varias profecías veterotestamentarias. Pero la más importante de ellas es, sin duda, la de Daniel, de la que toma nombre el título de la obra del fraile franciscano; en ella se nos narra el sueño que tuvo Nabucodonosor y que llegó a intrigar tanto al rey de Babilonia que éste convocó a los adivinos e intérpretes de sueños para despejar sus incógnitas. Es entonces cuando aparece Daniel que revela a Nabucodonosor la sustancia de la revelación onírica. Reproduciremos en otra entrega, por la importancia que tiene para el desarrollo de la "Idea de la Quinta Monarquía" el texto bíblico.

domingo, 11 de octubre de 2015

EL PILAR DE LA VIRGEN: AXIS MUNDI DE LA HISPANIDAD


 
CONSIDERACIONES MÍSTICAS Y SIMBÓLICAS
 
 
Manuel Fernández Espinosa

 
Como todo el mundo sabe (o debiera saber), la Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad, de Aragón y de la Guardia Civil, no es una mariofanía cualquiera. La venerabilísima tradición nos retrotrae al año 40 d. C. cuando el 2 de enero la Santísima Virgen María se aparece a Santiago Apóstol en Zaragoza (antigua Caesaraugusta), cuando el apóstol evangelizaba Hispania. La aparición de Nuestra Señora fue en carne mortal, pues todavía vivía Ella sobre la tierra y no había sido asunta al cielo en cuerpo y alma. En el lugar de la maravillosa aparición, quedó una columna de jaspe: el Pilar.
 
La columna tiene aquí una importancia que muchas veces no se ha advertido. El Pilar de Zaragoza es nuestro Axis Mundi (el Eje del Mundo hispánico), en un sentido real, sagrado y también simbólico. El Pilar es un símbolo de verticalidad que nos hace alzar los ojos al mundo superior, cuando en nuestro mundo horizontalista parece que no hay nada por encima de nuestras cabezas. A través del Axis Mundi, la realidad sobrenatural comunica con la realidad terrena, pudiendo ascender las plegarias de la Iglesia Militante al Cielo y recibiendo gracias que descienden del Cielo, desafiando todas las incredulidades más recalcitrantes, como lo hizo el milagro que la Virgen María realizó con Miguel Pellicer, el Cojo de Calanda, al que la Virgen María restituyó una pierna que le había sido amputada, hecho que asombró a toda Europa, sin dejar de pasmar a los protestantes o al mismo empirista David Hume. 
 
Todas las culturas que pueden llamarse tales han tenido su propio Axis Mundi, siendo éste el nexo entre el Cielo y la Tierra. A veces ha sido un árbol, otras veces una montaña, también una columna. Para los germanos fue Yggdrasil (el fresno perenne), en el Japón lo es el Monte Fuji, en China las Montañas Kunlun... Mircea Eliade estudió en profundidad este símbolo ubicuo, interpretando como Axis Mundi la obra escultórica de su compatriota Konstantin Brancusi, la Columna del Infinito que se alza  en Târgu Jiu (Rumanía).
 
Para la Hispanidad y, por tanto, para España, Aragón y Zaragoza, el Pilar es el lugar sagrado por antonomasia, la prenda que la Santísima Virgen María nos dejó como testimonio de su especial predilección por nuestra nación, para la que la Providencia tenía reservada la misión mesiánica de salvar al mundo, poniéndolo bajo la Realeza de Cristo Señor Nuestro. Y aquí las fechas son bastante significativas e importantes: El 2 de enero de 1492, conmemoración de la Venida de la Virgen, los Reyes Católicos concluirían la Reconquista, tomando Granada; el 12 de octubre, Cristóbal Colón descubría América. También debiéramos recordar la significación mística de Nuestra Señora en su advocación de Guadalupe extremeña y mexicana, pero será cuestión de otro artículo.
 
Se emprendía desde ese momento la fundación de un Imperio, la procreación de un mundo: la Hispanidad.
 
El Pilar para oscular
 
 

jueves, 8 de octubre de 2015

SOBRE CRISTO EN SU DESUSADO NOMBRE DE "LUCÍFERO"

Lucero del Alba


DILUCIDACIÓN DE UNA CUESTIÓN EQUÍVOCA


Manuel Fernández Espinosa



Es más que probable que, recitando la Letanía Lauretana, al llegar a la alabanza de la Virgen María como "Stella Matutina" algún cristiano haya reparado en lo curioso de ese título que pudiéramos traducir como "estrella de la mañana" o, como se le conoce más popularmente, "lucero del alba". Si consideramos lo que es el Lucero del Alba, éste se corresponde con lo que también es, astronómicamente llamado, "Lucifer/Lucífero" en la tradición latina: "Lux-fero" (el que porta la luz), el que trae a la Aurora, en griego llamado "Fósforo".
 
Así nos lo presenta un astrólogo romano, Marco Manilio (alrededor del siglo I d. C.), en su "Astronómicon", obra cuya composición se fecha alrededor del año 10 d. C., cuando escribe:
 
"Y si la tierra no fuera estable gracias a ese equilibrio de fuerzas, el sol no conduciría su carro desde el poniente, al aparecer las estrellas del cielo, y no volvería nunca al saliente, ni la luna, sumergida en el vacío, regiría su marcha, ni el Lucífero brillaría en las horas de la mañana, después de haber dado luz bajo el nombre de Héspero y de haber recorrido el cielo".
 
Ambos, Héspero y Lucífero, corresponden al planeta Venus. Pero ya en la antigüedad comprobamos que se desdoblaba en el lucero del alba y el lucero de la tarde. Así las cosas atribuir a la Virgen María el título de "Stella Matutina" es como llamarla "Lucero del Alba", en un sentido astronómico "Lucifer". Esto ha dado lugar a interpretaciones que, fundadas en la ignorancia o en la malicia, afirman desde el anticatolicismo de toda laya que el culto de hiperdulía a la Virgen María estaría adulterado por cierto luciferismo, lo cual es además de falso, ridículo. Me propongo explicar lo que ha pasado con este particular, para despejar las sombras que extienden malintencionadamente los enemigos del Catolicismo.
 
La mención a la "Stella Matutina", referida a la Santísima Virgen María, no sólo se hace en la Letanía Lauretana. Si vamos al Apocalipsis de San Juan podemos leer que el Espíritu Santo promete a la Iglesia de Tiatira:
 
"Et qui vicerit et custodierit usque in finem opera mea, dabo illi potestatem super gentes, et reget eas in virga ferrea, et tamquam vas figuli confringentur, sicut et ego accepi a Patre meo, et dabo illi stellam matutinam." (Ap. 2, 28)
 
("Y al que venciere y al que conservare hasta el fin mis obras, yo le daré poder sobre las naciones, y las apacentará con vara de hierro, y serán quebrantados como vasos de barro como yo lo recibí de mi Padre, y le daré la estrella de la mañana.")
 
Y, por si fuese poco esta mención, más adelante, en el mismo Apocalipsis podemos leer:
 
"Ego Iesus misi angelum meum testificari vobis haec in ecclesiis. Ego sum radix et genus David, stella splendida et matutina." (Ap. 22, 16)
 
("Yo, Jesús, envié a un ángel para testificaros estas cosas sobre las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella brillante de la mañana.")
 
Es el mismo Espíritu Santo el que aquí está hablando, afirmándonos que Jesús es "la estrella brillante de la mañana".
 
Es por ello que en los primeros siglos del cristianismo, antes de producirse el nefasto equívoco que llevaría a titular a Satanás como Lucifer, uno de los nombres que llevaría Cristo era el de Lucifer. Así, en los antiguos himnarios, como el himno de laudes "Lucis largitor splendide" (Dador espléndido de luz), se llama a Cristo: "lucero de la mañana" y en el "Exultet", propio de la liturgia del Sábado Santo, se alababa a Cristo como "ille lucifer, qui nescit occasum" (el lucero de la mañana que no conoce el ocaso). En "Lucis largitor splendide" se cantaba: "Tu verus mundi lucifer,/no is, qui parvi sideris/venturae lucis nuntius/angusto fulget lumine" (Tú eres el verdadero lucero del alba/y no ese otro, que del pequeño astro/de luz que vendrá, sólo es un nuncio,/que brilla con exigua luz.)
 
Y para que no quedara dudas, el teólogo Ticonio Afro (aprox. 330-390), en su "Liber de septem regulis" dice: "Lucifer enim bipertitus est: sicut Dominus dicit in Apocalypsi de se et de suo corpore: "Ego sum radix et genus David, et stella matutina" ("Pues Lucifer es bipartito, como dice el Señor en el Apocalipsis, de sí mismo y de su cuerpo: "Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella brillante de la mañana".)
 
Por esta acendrada tradición que identificaba a Cristo con el Lucero del Alba, podía escribir nuestro Aurelio Prudencio (año 348-410) en su "Psychomachia":
 
"quaerite luciferum caelesti dogmate pastum,
qui spem multiplicans alat inuitiailis aeui".
 
Cuya traducción fidedigna sería: "Buscad a Lucifer, el alimento del dogma celestial, para que multiplicando vuestra esperanza, la alimente de vida incorruptible". También en el "Cathemerinon liber II", Prudencio vuelve a referirse a Lucifer: "Quodcumque nox mundi dehinc/infecit atris nubibus,/tu, rex, Eoi sideris,/uultu sereno inlumina" ("Todo aquello que la noche mundana más tarde/inundó con sus negras tinieblas,/tú, que eres el rey del lucero del alba,/¡ilumínalo con tu rostro sereno!".) Estas traducciones literales podrían escandalizar y llevar a equívocos a los más mojigatos que, por la tradición que posteriormente se ha consolidado, ha venido a identificar a Lucifer con Satanás. Es por eso que se suele trocar la traducción literal del texto original, prefiriendo buscar perífrasis como la que compuso el Padre José Guillén en su traducción de las obras completas de Prudencio para La BAC, traduciendo: "Buscada la luz sustentada con la doctrina celestial, la cual os robustece, multiplicando la esperanza de la vida perdurable". Es comprensible que se hiciera esto, para evitar la confusión en las almas más mojigatas, pero el texto dice lo que dice y no le falta su razón si vamos a lo que el mismo Cristo dice de sí mismo en el Apocalipsis. Incluso conviene recordar que, con anterioridad a la equivalencia que se haría entre el astro Lucifer y el ángel caído (Satanás), no pocos cristianos se bautizaban con el nombre de Lucifer o Lucífera. Así tenemos a Lucifer de Cagliari (muerto el año 370), obispo de Cagliari (Cerdeña), que fue ortodoxo paladín contra el arrianismo e incluso recibe veneración entre católicos, ortodoxos y anglicanos.

 
La autorizada opinión del P. Franz Joseph Dölger no deja lugar a dudas: "La palabra "lucifer" resulta neutra cuando alude a las luces del cielo y puede aplicarse de igual modo a todos los astros, incluso al Sol, pues que es "portador de la luz" [...] El simbolismo del lenguaje de los cristianos ha identificado al mencionado Lucifer de Is 14, 12 con el diablo. A partir de entonces la palabra ha quedado ya con tanta fuerza asociada al diablo que resulta imposible seguir empleándola como nombre para referirse a Cristo. Sin embargo, en la Antigüedad, la palabra latina lucifer significaba "portador de la luz", igual que la palabra griega "Φωσφόρος"."
 
La clave está justamente en el lugar que indica el P. Dölger: en el Antiguo Testamento, concretamente en el pasaje de Isaías (14, 12). Cuando el profeta Isaías es traducido por San Jerónimo (año 340-420) en su Vulgata, San Jerónimo lo vierte con estas palabras: "¿Cómo caíste del cielo, Lucifer, tú que nacías por la mañana?". Pero, ¿a quién se refería con estas palabras el profeta Isaías? Isaías escribe cuando el rey de Asur invade Palestina y éste es visto como un tirano implacable, al que le profetiza la caída y su aniquilación. El dios nacional supremo de los asirios era Asur (anterior Marduk) que, si primeramente parece que era representado como un árbol, más tarde fue figurado como un disco solar alado. Pero, por si no bastara con ello, ocurre que Asur tenía por consorte a Ishtar, diosa que -como apunta Eliade y Couliano- "se la identificaba con el planeta Venus y los ámbitos de su competencia eran la fertilidad, el amor y la guerra", los acadios la habían asimilado a la anterior Gran Diosa mesopotámica Inanna. Isaías estaba figurando, por lo tanto, la caída de Asur-Ishtar (Venus, el lucero del Alba) que, además de ser ídolos, eran los dioses del enemigo de Israel. San Jerónimo tuvo a bien traducir el término hebreo como "Lucifer" y desde ahí se fue progresivamente estableciendo una identificación entre el astro Lucifer (que simplemente significaba "portador de la luz") con Satanás, el ángel rebelde y caído. Tampoco podemos descartar que San Jerónimo solucionara su traducción valiéndose de "Lucifer" en dependencia de la interpretación que San Metodio de Olimpia (martirizado el año 311) hizo en su libro "De resurrectione", pues fue Metodio el que empezó a identificar a Lucifer con Satanás.
 
El nombre Lucifer (Estrella de la Mañana) se ha consolidado como identidad diabólica por una larga tradición que hemos tratado de explanar aquí, sin embargo, era nuestro ánimo desde el principio clarificar esta cuestión nominal que, por su complejidad, podría ofrecer equívocos, muchas veces instigados por necios y profanos (como hemos podido leer en algunas páginas muy poco recomendables de la red). Esta gente (bien sea por ignorante, bien sea por maliciosa) parece alimentar el avieso propósito de confundir a los fieles cristianos, sirviéndose de la ignorancia del vulgo, manipulando malevolentemente los textos sagrados y tradicionales con el perverso propósito de extender la sospecha contra Jesucristo Nuestro Señor, la Santísima Virgen María y, en definitiva, contra el cristianismo y, en concreto, contra el catolicismo tradicional. Creo haber cumplido con el propósito que me marcaba al inicio de este artículo, ofreciendo la suficiente información que seguro podría ampliarse mucho más.
 
Como recapitulación de todo lo escrito aquí, podríamos extraer dos conclusiones:
 
1º) La titulación de Cristo o de la Virgen María como "Stella Matutina" (Lucero del Alba, lucifer) no deben escandalizar a nadie, en virtud de que era una forma empleada en los primeros siglos del cristianismo, tan legitimada como que aparece en el Apocalipsis.
 
2º) La identificación que se hizo entre Lucifer y Satanás, a partir de Metodio de Olimpia, desaconseja servirse del nombre "Lucifer" para Cristo, pero nada puede excusar que ocultemos estas cosas, impidiendo que las sepamos, pues sabiéndolas, podremos evitar que otros confundan a los más cándidos. 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
Manilio, "Astrología", Biblioteca Básica Gredos.
 
Sagrada Biblia, Nácar-Colunga.
 
Aurelio Prudencio, "Obras Completas" (bilingüe), La BAC.
 
Dölger, Franz Joseph, "Paganos y cristianos. El debate de la Antigüedad sobre el significado de los símbolos", Ediciones Encuentro.
 
Dölger, Franz Joseph, "La luz de Cristo", Ediciones Encuentro.
 
"Mitos sumerios y acadios", edición de Federico Lara Peinado, Editora Nacional.
 
Eliade, Mircea, "Historia de las creencias y de las ideas religiosas".
 
Eliade, Mircea y Couliano, Ioan, "Diccionario de las Religiones".
 
 
 

domingo, 4 de octubre de 2015

EL OTRO SAN FRANCISCO DE ASÍS

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LA CRUZADA: ARMARSE Y COMBATIR PARA LIBERAR LOS SANTOS LUGARES DE LA SUMISIÓN AL ISLAM

Traducción del italiano al castellano: Manuel Fernández Espinosa
 
 
 
 
Sirva para demoler uno más de esos imaginarios comunistas del post-concilio, frutos de la ignorancia inducida [...]: la cruzada fue algo más que una expedición militar. He hablado de peregrinación, y alguien seguramente se sorprenderá. Pero el asombro se disipa si recordamos que la principal razón que condujo a la Cruzada a tantos hombres y mujeres, a jóvenes y ancianos, también a los niños, a potentados lo mismo que a rústicos labriegos, dejándolo todo para ir a liberar Tierra Santa era una motivación de carácter religioso. Escribe el profesor Don Luigi Negri. "Las Cruzadas fueron un gran movimiento de carácter misionero cuya motivación es básicamente la fe". Por lo tanto, la fe y el espíritu misionero son el mismo fundamento de la cruzada...


El caso de San Francisco de Asís ofrece la prueba más contundente.

Es sabido que de este extraordinario santo de la Iglesia Católica se nos viene transmitiendo una visión de conjunto que dijéramos "dulzona y aguada".
Pero qué difícil se hace, incluso dijéramos que se hace sorprendente, creer que San Francisco de Asís fue un defensor de la Cruzada.


En efecto, San Francisco de Asís acompañó a la quinta cruzada, iniciando en primera persona la misión franciscana entre los musulmanes. No es verdad la creencia de que San Francisco acompañó a los cruzados sin compartir la necesidad de armarse y, por lo tanto, luchar para liberar los Santos Lugares.



Hay un episodio de San Francisco en la Cruzada altamente significativo que habitualmente se ve silenciado: después de haber escapado milagrosamente de la muerte, tras haber sido golpeado por los musulmanes hasta la efusión de sangre, Francisco llega hasta el Sultán Malil-Al-Kamil. Junto a él había otro monje, de nombre Iluminado, y se establece un diálogo entre el Pobre de Asís y el Sultán.

Escuchemos el testimonio de Fray Iluminado:

"El Sultán le dijo a Francisco de Asís: "Vuestro Señor enseña en los Evangelios que no se debe devolver mal por mal, y que incluso no hay que negar el manto a quien quiera quitarte la túnica. ¿Qué hacéis entonces los cristianos invadiendo nuestras tierras?".
A lo que le respondió el Bienaventurado Francisco:

"Me parece que usted no leyó el Evangelio. En otros pasajes, en verdad, está dicho: "Si tu ojo te es ocasión de pecado, arráncatelo y échalo de tí". Y, con esto, Jesús quiso enseñarnos que en el caso de haber un hombre o pariente, por más querido que sea para nosotros, aunque fuese tan querido como la niña de nuestros ojos, si nos tentara para alejarnos de la fe y del amor de nuestro Dios debemos estar resueltos a apartarnos de él, eliminándolo de nuestras vidas. Por todo esto, los cristianos obran según la justicia cuando invaden vuestras tierras y luchan contra ustedes, pues ustedes blasfeman del nombre de Cristo y porfían en eliminar la religión de tantos y tantos hombres. Sin embargo, si usted quiere conocer, confesar y adorar al Creador y Redentor del mundo, os amaré como a mí mismo".

Como puede verse, aquí nos hallamos frente a un San Francisco desconocido para muchos de nosotros los católicos. Se trata de un defensor de los derechos de los cruzados, un partidario de la necesidad de combatir por la fe en ese momento, presto a ofrecer en la medida de sus capacidades su tributo para el éxito de la cruzada, aunque él no fuera un hombre de armas. Pero podemos entender esta postura de San Francisco como algo común al cristiano medieval, entendiendo que la motivación fundamental de la Cruzada fue la fe.

Tengamos en cuenta que la ocupación de Jerusalén por los turcos había puesto en peligro la memoria histórica de los lugares en los que se había visto terrenalmente a Jesús. Y la fe, nuestra fe católica, se cimenta en datos históricos y si estos datos históricos se ponen en peligro, estos hechos relativos a la vida de Jesús, pueden poner en riesgo la fe.
Así razonaban los cristianos de la Edad Media [...]

Conversación de Gianpaolo Barra, director de 'Timone", Radio Maria, 4 de marzo 1999

Puede encontrarse la información en este sito http://apologetica.altervista.org/
prof. Coluzzi Marcello

Publicado en: dietrolequintee

sábado, 3 de octubre de 2015

SAN FRANCISCO ANTIMODERNO

SAN FRANCISCO ANTIMODERNO





Autor: Guido Vignelli. Editorial Fede e Cultura, 2009
La verdad sobre San Francisco para refutar el “espíritu de Asís”.

Recensión de Piero Vassallo.

Traducción del artículo italiano al castellano: Manuel Fernández Espinosa.
 
 

 En el ambiente constituido de los estudiosos católicos -inspirados en la doctrina contrarrevolucionaria de Plinio Correa de Oliveira- Guido Vignelli destaca por la perspicacia singular, la insólita erudición y el sentido del humor.




Confirmación de la envidiable calidad de Vignelli se encuentra en el notable ensayo "San Francisco anti-moderno", un texto ágil, pero sostenido por un ingente aparato bibliográfico; este libro ha sido publicado en la colección "Lepanto" de la Casa Editora Fede & Cultura de Verona, con ocasión del Octavo Centenario de la Orden Franciscana.


Según Fabio Bernabei, a cuyo cargo está la introducción, el propósito de este ensayo es recordar a los católicos "adultos" (desinformados desde tantos ángulos y que se dejan engañar por la escuela boloñesa o la tarantela de la escolástica tardo-sesentayochista) que "el más santo de los italianos y el más italiano de los santos" ha asignado a sus compatriotas la misión de vivir en el intransigente celo por la gloria de Dios y en la generosa dedicación a la Iglesia Católica.


En los años tempestuosos del post-concilio, un enjambre de periodistas teologizantes y teólogos apisonados por el periodismo, ha deformado, de hecho, la biografía del Seráfico Padre San Francisco hasta rebajarlo a esa figura "sin brillo, sin espinas, cobarde, sumisa y permisiva" presentada como modelo pseudo-profético a los cristianos y que el "espíritu de Asís" ha convertido en una peregrinación a los pantanos del error moderno.


No fue ciertamente una tarea fácil la que ha asumido Vignelli, habida cuenta de la mayor parte de la bibliografía franciscana y, sobre todo, dado el indiscutible poder ejercido por los pseudo-literatos progresistas; los que sesgadamente interpretan y sentencian en acrobacias, desde los púlpitos prestigiosos que les levantan los poderes fácticos que se rigen por la aversión a la verdad católica.


Para derribar el espeso y regodeante bosque de los cuentos de hadas plantado alrededor de las presuntas anticipaciones franciscanas del modernismo, el socialismo, el pacifismo, el falso ecumenismo, el pauperismo, el ecologismo, el nudismo y el anticlericalismo era necesario, además de la desagradable lectura de la avalancha de literatura conformista, un mejor conocimiento de los escritos de San Francisco, de los numerosos testimonios sobre su vida y su doctrina, de las enseñanzas del magisterio romano sobre la materia y de ensayos realizados por autores fidedignos.


Una ímproba tarea que Vignelli ha soportado para dar una sólida base científica a los textos expuestos en el ensayo en cuestión.


La publicación de un ensayo, a la vez tan documentado como accesible al lector medio, es un torpedo a la línea de flotación de los vulgares estereotipos católico-progresistas y una señal gracias al uso elegante y humilde de la erudicón.


Vignelli obtuvo este brillante resultado porque su vida y su cultura están indemnes de la arrogancia y de la pedantería académicas. Es por lo tanto deseable que el ensayo tenga la amplia difusión que merece una contribución tan importante para la más reciente restauración del pensamiento católico.

 


 
FUENTE ORIGINAL: RISCOSSA CRISTIANA 

Un libro cuya traducción al español sería muy oportuna, teniendo en cuenta la deformada noticia que de San Francisco de Asís tiene el lector por culpa de la manipulación moderna y progresista. Confiemos en que alguna Editorial española católica se interese por poner en las manos del público hispanohablante esta obra.

viernes, 2 de octubre de 2015

EL SANTO ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA


ELEMENTOS DE UNA DEVOCIÓN NACIONAL


Manuel Fernández Espinosa


Dedicado a la memoria de D. Juan Párraga Barranco,
sacerdote de Cristo y devoto del Ángel de la Guarda,
que pasó a mejor vida en Enero de 2015.
Requiem aeternam dona ei Domine, Et lux perpetua luceat ei.


Dionisio Areopagita afirma que, según las Sagradas Escrituras, son nueve los nombres de todos los seres celestes y alega la clasificación de su maestro Hieroteo de Atenas que establecía tres jerarquías de tres órdenes cada una: Tronos, Querubines y Serafines; Potestades, Dominaciones y Virtudes; Ángeles, Arcángeles y Principados. Y añade Dionisio Areopagita que: "...los ángeles velan por nuestra jerarquía humana como lo refiere la Escritura. A Miguel le llaman el príncipe del pueblo judío, y designan diferentes ángeles para gobernar otras naciones, porque el Altísimo estableció los términos de los pueblos según el número de los ángeles".

Es una de las primeras referencias de la tradición cristiana para constituir la doctrina sobre los ángeles y, en el punto que ahora nos interesa, la de esos ángeles custodios de las naciones.

Los tres niños a los que se apareció la Virgen María en Fátima también dieron testimonio de haber recibido tres visitas de un "Ángel" que, como nos cuenta Sor Lucía dos Santos (1907-2005), se presentó como ángel de la paz, instándoles a los niños para que: "De todo lo que pidiérais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal...".

Como oportunamente indica el P. Jean Daniélou: "Entre estos nombres para el ángel custodio, el de "ángel de la paz" es especialmente venerado. La expresión aparece en la literatura apocalíptica judía, donde el ángel de la paz es el que acompaña a Enoc y le explica el significado de las visiones"*.

San Basilio (ca. 330-379) también pudo escribir que "Entre los ángeles, algunos están encomendados a las naciones, otros a los fieles..." ("Contra Eunomio de Cízico").

Fray Valentin Long (O.F.M.) podía escribir que: "Si San Miguel ha sido llamado el ángel de Israel (...) esto implica que también otras naciones disfrutan de la custodia de un ángel especial. Abiertamente [la Sagrada Escritura] declara que lo tienen los persas, y los griegos".

El Ángel Custodio de las naciones forma parte, por lo tanto, de la recta angelología del catolicismo, contando con una dilatadísima tradición que reposa sobre la base de la Sagrada Biblia, la Tradición Apostólica, la Patrística y muchos eminentes Doctores de la Santa Madre Iglesia. Cosa distinta es que sea un aspecto muy poco conocido en nuestros aciagos tiempos, cuando el conocimiento de nuestra propia tradición ha sufrido una considerable merma debido a muchos factores.

España también tiene su Ángel Custodio. Su Santidad León XII concedió a Fernando VII que la Iglesia española celebrara la Festividad del Santo Ángel Custodio de España el día 1 de octubre; los trastornos de calendario provocados por el Concilio Vaticano II movieron la festividad al 2 de octubre. En 1897 el Beato Manuel Domingo Sol fundaría la "Pía Unión de Oraciones al Santo Ángel de España". Esta Pía Unión planeó erigir un gran monumento al Ángel de España; se hizo una imagen a manera de boceto y todavía se la venera en una capilla lateral de la iglesia de San José de Madrid (calle Alcalá, 43). que fue inaugurada el 12 de mayo de 1920. Pero la tradición del Ángel Custodio de España se remonta muchos siglos atrás.



Podríamos retroceder hasta los tiempos fundacionales de la Iglesia en España, pero cuando aparece con más contundencia la figura del Santo Ángel de España será en la Reconquista. Justamente, dos obras literarias de nuestro Siglo de Oro nos presentan al Ángel de España auxiliando a los españoles en la guerra divinal contra los enemigos invasores. Dichas obras literarias fueron escritas en el siglo XVII, pero su acción transcurre en la Edad Media. La primera de ellas es "El Bernardo o la victoria de Roncesvalles", cuyo autor fue Bernardo de Balbuena (1568-1627), Obispo de San Juan de Puerto Rico. Se trata de una epopeya en octavas reales que, si no se conoce lo suficiente bien pueda deberse a que fue escrita en 24 libros. Aquí se nos presenta al Ángel de España brindando ayuda a los españoles contra las tropas de Carlomagno.



La segunda de las obras literarias en las que vuelve a aparecer el Ángel de España es en el auto sacramental (de exaltación eucarística y nacional) que escribió D. Pedro Calderón de la Barca, posiblemente en 1637, titulado "La devoción de la Misa" (texto completo del auto sacramental enlazado). El argumento de este precioso auto sacramental lo presta la victoria sobre Almanzor que alcanzó Garci Fernández (938-995), conde de Castilla e hijo del legendario Fernán González. Uno de los personajes principales sobre los que se articula esta obra dramática es precisamente el "Ángel" que nos dirá de sí mismo:



"...yo, que
titular inteligencia
soy de Castilla, pues nadie
ignora que su Ángel tengan
no las repúblicas sólo,
mas las especies diversas
de frutos y animales,
como doctores asientan
defendiendo esta custodia
con nombre de presidencia".



Pensamos que las épicas intervenciones de la prominente figura de Santiago Apóstol, Patrono de España, en las lides contra el moro bien pudieron eclipsar el protagonismo del Ángel de España en muchas de las batallas de nuestra Reconquista. Pero, al igual que Santiago, San Millán, San Sebastián y otros santos que venían a combatir en nuestras huestes desde los Cielos, el Ángel de España intervino de modo crucial en el aliento y socorro de las armas hispánicas. En la batalla de las Navas de Tolosa se adjudicó al Ángel de España el haber guiado a los cristianos por los vericuetos de Despeñaperros bajo la figura de un pastor.



Y no son las únicas citas literarias que cabe mencionar sobre el Ángel de España, pero dada la rareza de las obras en cuestión, bien es cierto que el tema pasa desapercibido y parece que pocos quieren ponerlo sobre la mesa. En "L'Atlàntida" (1877) su autor Mosén Jacint Verdaguer se refiere a "l'Angel d'Espanya". Los testimonios artísticos no quedan en la poesía y la dramaturgia, también en la heráldica y en algunas representaciones plásticas; podemos indicar cierta vidriera de la capilla mayor del Seminario Diocesano de la Inmaculada y San Eufrasio de Jaén que representa al Santo Ángel Custodio con el escudo del Reino de España.



En nuestros tiempos descreídos, conviene mucho rescatar del olvido esta figura angélica que Dios nos designó como guardián de nuestra nación. Sabemos que la época no es muy propicia para la fe, pero un puñado de españoles rezando fervorosamente al Santo Ángel de España podría hacer mucho más por España que muchas de esas iniciativas que se proponen y se demuestran estériles.


Fuente original: RAIGAMBRE: El SANTO ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA


BIBLIOGRAFÍA:



Dionisio Areopagita, "Obras completas" ("La jerarquía celeste"), La BAC, Madrid, 1995.


Tomás de Aquino, "Suma Teológica. II-III" ("Tratado de los ángeles"), La BAC, Madrid, 1959.


Ramon Llull, "Llibre de meravelles" ("Dels ángels"), Edicions 62, Barcelona, 1993.


Jean Daniélou, "The angels and their mission. According to the Fathers of the Church", Christian Classics, Inc. (The Newman Press), Nueva York, 1976.


Valentin Long, "The Angels in Religion and Art", Franciscan Herald Press, Chicago, 1971.


Juan S. Cla Díaz, "Fátima, Aurora del Tercer Milenio", Madrid, 1999


Pedro Calderón de la Barca, "La devoción de la Misa".



Santo Ángel de España.


* La cita del P. Jean Daniélou (S.J.) es de la traducción al inglés de su libro: "Les Anges et Leur Mission". Al no disponer de la edición original francesa, cito "The Angels and their Mission. According to the Fathers of the Church" (Christian Classics, Inc. 1976). El pasaje en inglés que traduzco al español dice: "Among these names for the guardian angel, that of "angel of peace" is especially venerable. The expression appears in the Jewish apocalyptic literature, where the angel of peace is the one who accompanies Henoch and explains the meaning of his visions".